el vacío de sus cuerpos

Fué un breve segundo de azul intenso, sobrio rocío que respiraron los poros de sus mejias, un trazo de espejismos que sazonaron el descuido de la vida, un horizonte tan cálido que meció sus sentidos con una rápidez tal que comienza a pensar que nunca pasó.

Abrio cada página de ese libro, deborando cada letra que colgaba de su fina textura, situó sus objeciones al pie de su escencia y sumergio su cabeza en sus páginas de sal, en su entera odisea. Y la mar se hizo pasto de verdes praderas, y el pasto fué el lecho que adorna su huellas.

Y la brisa irrumpía en sus años, y sus años forjaron su belleza. Y fué de sus manos un torbellino que despeina los sentidos, nectar que embeleza el despojo de los sueños que murieron ahogandos en la resequedad e incandecencia del sol que una vez marchito, se ensaño contra aquellos cuerpos que habían logrado al fin mutilar los complejos.

Gritó de dolor sin saber a donde ir y enterarse que su nombre era una breve noticia entre argumento y bostezo, se indignó pero nunca pudo hacer más que cruzarse de brazos y ver cómo un elocuente disparo de indiscreciones que desnudaron su alma y humedecieron la luz brotada de su moribunda mirada.

Se fué, mas prometió volver sobre la última gota de lluvia que cayera sobre su piel, sobre su sed, sobre su espejismo. Pero el tiempo nunca comezaba a correr, los días se detuvieron cual roca al fondo del despeñadero, sus mágicas agujas del reloj no obedecieron, renunciando al marcaje de aquel camino que nunca partía a ningún lugar.

Una vez despertó en medio de tanto ruido que sus oídos se endulzaron por el eco de su inesperada voz, no dió explicaciones, no entró en detalles sobre su procedencia, solo se sentó a su diestra y con un leve suspiró susurró: volví.

Pero era tarde ya, y aquellos parpados a media asta se vencían por el desvelo de la espera, se encontraban moribundos y deshidratados de soltar cuanta lágrima corrió entre ellos y no pudo más que decirle adios.

Fué en aquel lugar tan intacto como siempre, cada cosa yacía en su lugar correspondiente, parecía que ayer mismo sus besos desdoblaban las sábanas, las luces dormían tras las cortinas, y sus ojos se aferraban entre miradas.

Quedaron igual que siempre, gastaron su oportunidad, fueron cercando los días que faltaban para coronar sus años con lo que tenían siempre a la mano y ahora simplemente no estaba entre ellos. No pasó nada y nunca nada volverá a pasar.

De nuevo se desconocieron, de nuevo se separaron, de nuevo siguieron cada uno su camino y el vacío que dejaron tras de sí, se volvió el hueco que el aire aún resiente por no volverles a encontrar.

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letras en sepia

que desangro mi vida por vos

que te entrego completo mi aliento

que me quemo las ansias en vos

que te salvo de todos mis muertos

que invoco tu rostro en mi mar

que claudico si soy en tus manos

que venero tu más breve sol

que entretengo mi voz en tu templo

ya no sé de tus ojos de miel

ya no entiendo tu oscuro silencio

ya no se cómo ver otravez

el color de las tardes de fuego

el deseo me envuelve de nuevo

y me enredo en los días de hielo

en tu boca mi más fino lienzo

en mis besos ya secos de juegos

pero pronto desciende sin piel

la noche de sordas sonrisas

y vuelvo a ser sin querer

la sombra de amor que te cobija

Limbo

estas ahí

saboteando mi reloj

girando mi mundo

obviando mi vida

siendo sin mi

estas ahí

en la cintura de mi dolor

sobre la ansiedad de mi cansancio

en la esquina de mi silencio

en el rincon de mi desvelo

estas ahí

en lo triste de mis sueños

en lo frio de mi madrugada

bajo la excusa que te piensa

tras en agujero en mi puerta

estas ahí

siempre mujer eterna

con tus ojos de elocuencia

con tu nada disponible

y tu espalda aún más lejos

estas ahí

como siempre en todos lados

en el murmullo de la gente

en mis sábanas dobladas

estás siempre ahí

pero nunca estás conmigo.

Despacio (improvisando)

despacio y luego te vas

despacio y recuerda mi espalda

despacio y busca un lugar

donde andar, donde ir, donde estar

despacio y calma este vicio

con la luz de emana de tu calma

con la brisa que produces en mi pecho

despacio y no te detengas

despacio y salda tus deudas

vierte en mi dedos toda tu belleza

filtrate en la nada que ahoga mi beso

espánta el dolor, contagia el sudor

despacio pero vete, vete de una vez

despacio y luego no vuelvas

despacio y olvida mi nombre

despacio, encarna mi olvido

hasta ser de mi nada y todo mi nunca

hasta ser del mañana el imposible

hasta ser del ayer lo innombrable

despacio y vete esta mañana

despacio y borra tus mapas

rompe los puentes, incendia tus ganas

despacio y no vuelvas

despacio, despacio.

sueños baratos

a veces sueño colores irremediables

a veces bosquejo ilusiones fugaces

otras veces deseo amores baratos

caricias vendidas, sudores tempranos

algunas veces me hundo en mi tiempo

me entrego sin miedo a lo que aborrezco

conduzco en la noche sin ánimos puestos

converso callado en honor a su hueco

ayer encontré en su voz mi alimento

en sus ávidas manos, en su bella textura

no dejaría sus besos un solo momento

amaría sus huesos, su bella locura

pero a veces despierto y toco el pavimento

su gélida firmeza, su eterna paciencia

a veces sacudo mi cabeza para desorientarme

entorpecer el mapa y todos sus detalles

y es que a veces sus huellas están en mi puerta

entonces persigo de nuevo su estela

y luego se esconden con gris elocuencia

enviudando mis ojos y sus tercas ideas

a veces me canso de ser de lo incierto

de ser cicatriz y vestigios de un verso

a veces no se de mis días más que su nombre

a veces despierto en sus brazos de golpe

y vuelve de nuevo el remedio casero

amargo jarabe que engaña mis dedos

y vuelvo a las cuerdas de mi flaca guitarra

y sigo sumándole sueños al aburrimiento

regalo etéreo

Y así me tomas, así sonríes, así desbordas

despacio, bajo el aguacero de este puerto

sobrepuesta al horizonte sin complejos

zigzagueando va mi olfato por tu cuello

Vas seguida por la estela de lo incierto

desde la imponente luz de aquella estrella

en el fondo de mis años obstinados

hasta el hueco de tu vientre en primavera

Sigue siendo tan completa tu silueta

que se burla de las deudas de mis letras

no se tibia la mañana por tu ausencia

y cuando vuelves me regalas luna llena

Ven temprano a cobijarme las tristezas

acampemos en las sombras de tus huellas

seamos uno, sin divisas, ni fronteras

y convidemos el alba a nuestra siesta

Así te inventas cuando canto solitario

y me entregas esta fina capa de sonrisa

así me diviertes las ideas pesimistas

y me sumo a tus sentencias idealistas

No es venderte mi pasión lo que hoy intento

es colmarte las carencias de bosquejos

solo quiero entregarte mi silencio

para que compongas melodías de te quieros

de tus quéjas y mis vicios

Te vi partir en medio del deseo, llevabas puesta una sonrisa de marihuana, zapatos fingiendo malicia, vestías unos encajes que hipnotizaban, y parecías de esas personas que les llaman “felices”.

Recién te despediste de mí tiñéndome la mejía de tu adiós no negociable, habíamos hablado ya hasta del perro que levantando una de sus patas meó la llanta del coche, hablamos del clima, de la educación, de la seguridad e insalubridad que últimamente circundaban nuestras espaldas. Todas fueron conversaciones de relleno, de esas que preguntas lo mismo y contestas lo mismo.

Bajo la mesa, mis manos sudorosas jugaban con el anillo que me robó los pocos ahorros que conseguí privándome de los cigarrillos matinales, de las cervezas a media semana, un par de almuerzos y alguno que otro esfuerzo que por otras razones y con otro fin, jamás me hubiese animado a ejecutar.

Ese discurso que había repasado ya tantas veces, comenzaba a deslizarse por mi pálido rostro según tus argumentos avanzaban, no pude (o no me dejaste) desarrollarlo como había pensado. Al final, ni siquiera pude dejarte una mísera parte de todo lo que planeé a lo largo de este tiempo.

Entendí claramente que tenías ya a otra persona, que si bien es cierto no cumplía aún con todos tus selectos requerimientos acerca de un hombre, cubría la cuota básica indispensable que se necesita para estar con vos: Amor y Respeto (rara cosa fue haber interpretado de mi parte: valor y paciencia… pero ese es otro tema)

Llevabas un maquillaje levemente más intenso que lo normal, aquel rubor natural de tus mejías se había sustituido por maquillaje y la sombra en tus párpados exageraba un poco la intensidad de tu mirada.

No quise acudir más a los intentos, a los recuerdos, a los argumentos que pensé o quizá llegue a asegurar, inclinarían la balanza a mi favor, haciéndome ver como alguien que a pesar de tantas estupidas desiciones, cumplió a la perfección el mayor de tus deseos, el cual fue amarte de una manera que muy seguramente nadie lo volverá a lograr.

No hago alarde de mi capacidad de amar, es simplemente que esa manera de amarte tan absoluta es la que me tuvo frente a vos esa noche y la que me tiene esta madrugada haciendo estas innecesarias declaraciones.

Tampoco quise acudir al anillo que paseaba entre mano y mano, entre dedo y dedo, casi pellizcándome por la impaciencia de no poder de una vez, mostrar el brillo inmaculado de su sonrisa cuando por fin hiciera el ridículo de hincarme frente a tu silla y mostrártelo proponiéndote matrimonio. Claro, pude evitar esa enorme vergüenza al ver tu dedo anular agasajado con una prenda de mayor quilataje que mi impaciente e inoportuno regalo.

Escuché todas tus quejas, todos tus reproches, escuché argumentos tan validos como innecesarios, recargué mis oídos que casi sangraban por tanto improperio diplomático que soltaste en tu pergamino de razones y no tuve más opción que asentir y jorobar la mirada, sin pretender hacer, o explicar absolutamente nada.

Vuelvo a donde comencé, justo cuando habías avanzado ya dos metros, volviste tu mirada hacia mi congelada humanidad, regresaste y con una voz seca de amor y llena de sarcasmo, me dijiste: Gracias por todo.

Tus jeans parecían burlarse de mis ojos, tarareándome tu figura según el compás de tu caminar, y el escote de tu espalda me citaba de nuevo a visitar el tan desgastado baúl de mis desaforados recuerdos para cachetearme con la vívida sensación de la tibieza de tu piel bajo mis manos.

Me volví a sentar, pedí la cuenta y medité por un momento.

…tenías razón en cada una de tus palabras, pero hoy no supiste reconocer el tono de mi voz y entender que te hablé con mi más absoluta verdad. No pudiste sentir en los huesos aquella mirada que atravesaba la piel y cantaba dentro de vos con el júbilo que me provoca tan solo mirarte.

Pensaste que tal vez habría otra oportunidad lejos de mí y por supuesto, sin mí. Por lo que no me queda más que recoger mis intenciones, alejarme del vicio de buscarte en cada cuadra que transito y comenzar a entender que ahora, no supiste diferenciar entre el antes y el hoy.

Tuve la abrupta intención de detenerte en tu paso, pero recapacité sobre cada letra con la que compusiste tremenda lista de deseos en los que para mi desgracia, no se dibujaban conmigo.

Ahora, medio borracho, lo confieso. Juego a entender esas cosas de la vida, esas desiciones que uno toma que lo vuelven presa del juego que sin darnos cuenta nosotros mismos elegimos, y de nuevo para mi desgracia. Hoy me tocó perder.

Esta es de esas historias que muy comúnmente terminan no muy felices.

Parte Primera: La Cita

…usaba un vestido estampado, la tez de su piel reflejaba los rayos del sol de manera perfecta filtrándose entre sus vellos, sus mejías tenían el rubor natural de la perfección hecha mujer, su cabello negro, suelto y sumamente lacio dibujaba sus hombros descubiertos por el escote de aquella blusa que en otras circunstancias me hubiese atrevido a besar.

Logre divisar en medio del breve pero cálido saludo aquel lunar en su hombro que hacía mucho tiempo no veía, llevaba unos pendientes que hacían juego perfectamente con aquella cadena que le regalé, lo que hizo apresurarme a romper el hielo -o al menos intentarlo-.

-¿Pensé que ya no conservabas la cadena que te regalé? –pregunté-

-¿Por qué?, esperaba justo el momento de volverte a ver para usarla

Me sonrió como si nunca nada hubiese pasado, aquella mujer posaba el brillo de su mirada en mi humanidad de una manera única, casi como antes, pero ahora me hacía sentir vulnerable ante cualquier interrogante que pudiera venir.

-¿Veo que ya tenés un par de canas?

-Sí -respondí mientras tocaba mi cabello y recogía mis hombros- es que el tiempo no ha pasado en vano, y no solo eso, además me estoy quedando calvo.

-No es para tanto, sigo viéndote buenmozo

Era increíble como con un leve cruce de palabras podía revolucionar mi estado de ánimo tan vehementemente, no había experimentado tal hormigueo en el cuerpo desde hacía ya un par de años, y ahora, a causa de la misma mujer los volvía a experimentar.

-¿Entramos?

-Sí, sí por favor -tartamudee torpemente-

Abrí la puerta de aquel café que recién habían abierto cerca de mi casa. Ordené el menú, encendí un cigarrillo, tomé su mano y tragando una enorme bocanada de aire, le expuse:

-Mi amor, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi, no puedo explicarte nada porque simplemente no hay nada que explicar. Solo quiero que sepás que cada segundo, cada minuto, cada día que he pasado lejos de vos, ha sido sumamente difícil, he logrado mantenerme en pie con la fuerza que me daba pensar en este momento…

La puerta de vidrio del café se abrió nuevamente, yo me encontraba de espaldas a la puerta de entrada, el reflejo del sol en la mesa de vidrio apuntaba su rostro y dejaba ver el café indiscreto de sus enormes ojos. Ella levantó su vista sobre mí, y sonrió levemente como queriendo evitarlo.

Una mano se posó sobre mi hombro, y reaccioné inmediatamente volviendo mi rostro hacia mi derecha, pero aquella persona -hombre por cierto- estaba inclinado a mi izquierda como si hubiese adivinado a donde buscarían mis ojos. Me di la vuelta teniendo que arrastrar mi silla en el intento.

Era un hombre aproximadamente de 1.75mts, de tez trigueña, pelo castaño claro. Vestido con ropa casual, muy cómoda según parecía. Me llamó la atención su reloj de puño de muy buen gusto -a mi criterio- y cuando mis pupilas terminaron de captar toda la luz y enfocaron nuevamente, le conocí.

Era mi hijo. Le abracé sin darme cuenta quizas por unos tres minutos. Mi hija Daniela se levantó de su silla y se unió a nosotros por medio minuto más. Se vieron entre ellos, sonrieron y luego soltaron una carcajada de satisfacción. Me habían sorprendido.

No estoy seguro cuando fué la última vez que fuí tan feliz.

…pero se desnuda en medio del caos

Hay fuego, rompiendo mis ventanas

hay escombros cayendo sobre mi cama

hay cenizas invadiendo la cocina

hay ruidos que asfixian el deseo de escuchar

pero en la calle hace frio por la tormenta

en las aceras se sustenta la soledad

descalzo transito por este invierno

callejones que tiemblan de oscuridad

ahogando el amargo que deja su voz

siendo que aún amo su intrínseca risa

desciendo hasta mi inútil bodega

donde empolvo fotografías sonrientes

donde hace tiempo encadené el orgullo

mi cabello húmedo y lleno de polvo

mis manos tiritantes de ausencia

y sus ojos viéndome tras el cristal

siempre perfectos, siempre indomables

y sus labios desafortunadamente carmesí

van cosiendo mis palabras a mi lengua

van amarrando mis instintos de vivir

en mis huesos brota el deseo sin remedio

de partir sin más razones que sumar

pero indelebles se marcan sus manos

sobre la poca razón que aún conservo

y de nuevo vuelve su desnudez

a trastocar cualquier pensamiento

pero hay dolor bajo el beso de mi almohada

hay silencio entre sus oídos y mi voz

no me quejo por perderle

más bien me alejo por amor.

del amor y el orgullo, y sus continencias

van las manos simulando un deleite

frágil aguacero que inunda la sien

despojos carentes de ojos y dientes

agujero en el tiempo que no tiene ley

otoños con prisa deleitan su entrega

carencias que nunca se sacian de piel

inutil paciencia que llora sin tregua

las tantas historias tiradas a sus pies

sinceras palabras que nunca se escuchan

los días, las noches, que no esperarán

los meses, los años que dictan sus odas

de lunes que duran más de lo habitual

son tan incontables ya sus cicatrices

que tiene en la piel un lienzo de andar

de vida, de historia, de amor sin medida

de gozo, de nunca, del siempre fugaz

llenando sus manos con huecas caricias

ya tiene en su mente gran premonición

que cante el jilguero su melodía triste

que nunca posó atención en su favor

dile que sueñe conmigo si puede

si sobra un segundo en su insípido amor

dile que no se equivoque diciendo mi nombre

que nunca suspire pensando en mi olor

mejor que recuerde que siempre la quise

pidiendo mil veces que amara mi amor

Presumo de ser

presumo de ser

quien conoce tus más ocultos senderos

quien te invita al placer que nunca tuviste

quien te deja extasiada después del amor

quien se fuma tu aliento y tus respiros

presumo de ser

el que deja tu espalda marcada de besos

el que eriza al hablarle de cerca a tu cuello

el que canta a tu oído y compra tu olvido

el único que sabe aliviarte del frío

presumo de ser

con quien puedes hablar sin ver el reloj

con quien usas tu mejor lencería

con quien padeces lo peor y lo mejor

con quien eres como quieres ser

presumo de ser

aquel que despertó tu sonrísa distraída

aquel que te ama como nunca supiste

aquel que te entrega sus caricias y cicatrices

aquel que amaste como a nadie lo has hecho

presumo que soy

tu pasado, tu presente, y tu futuro cadente

todo esto lo sabes, todo esto lo sé

…cuando salgas no olvides cerrar la puerta.

letanías de un hombre sobrio

Despacio voy arrancando mis besos, despacio voy despidiendo al deseo, despacio voy simulando entenderlo, despacio voy eludiendo el vacío de las ideas que se empapaban con su saliva y enderezaban mi razón.
Voy tramitándo mis últimos suspiros, voy reciclando de a poco mis fuerzas. Despacio voy desauciando mi vicio, invocando la hoguera, calcinando heridas, condenando quimeras. Voy depravando bellezas, vomitando carencias, impulsando espejismos, desarmando cadenas.
Pero siempre tus malditos senos aparecen en medio de la cena, al igual que tus ojos de lluvia, así como siempre lo hacen tus bellas caderas. Pero siempre me gritas cantando en silencio, me entrenas en lodo, me das tus tristezas. Pero siempre me sonríes por pocos, me das en tus manos el agua que extingue mi impaciencia.
Y es que llevo envueltos esos tibios días que juntabamos flores que arrancabamos de nuestras cabezas, ahora llevo tatuado tu nombre en la sien, en las venas, en el calor de mis brazos, en los dedos inquietos, en la nota al pie de mi letra.
Pero voy redactando discursos de bienvenida desde hace ya un buen tiempo, voy resonando mi caja toraxica para los agradecimientos, para las promesas, para los perdones, para explicaciones. Pero también vengo ensayando despedidas, vengo haciendo maletas, vengo contando estrellas, vengo fumando en ayunas, cantando si voz, jugando a reir, llorando sin más, luchando contra algo que no sé si al fin cederá.

NOTA: Perdón por la ausencia pero hoy regresé de mis vacaciones, gracias por leer, en este momento comenzamos a ponernos al día.