éxodo

Las golondrinas migraron de sueños,

el rocío se volvió corriente,

la luz ayunó su brillo

y el deseo prostituyó su suerte.

Los besos se enviciaron de placer,

los ojos se engañaron de colores,

las manos desprenden su coartada

y los dedos lloran sus deberes.

El paseo perdió de pronto su gracia

la malicia purgó la vanidad,

los huesos se rompieron de tanta nada

lo supe, no servirá de nada tanto dolor.

No llevará nombres ni dirección

serán solo cuentos de hadas sin alas,

será humo, será polvo, será aire.

Pero el cielo que parió esa lluvia

ha vuelto a vomitarme sus rayos de sol.

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Cejilla de mi guitarra. Mar y cielo. Sonido y silencio

tú, sendero de noches perdidas y años de fuego

monólogo de madrugada que apaga el invierno

tú, olores de bellos recuerdos y sabores de ensueño

borde de mis versos, oreja de mi jarra, seda de mis dedos

Dolor de primavera. Candor de mil hogueras

tú, caricia que ayuna mi existencia. Mi canto y mi cena

Soledad y alevosía. Mi justicia con reservas y sentencia

tú, mi dócil compasión en tiempos de bonanza

mi caricia redimida. Mi candor, mi perdón, mi esperanza

La plena seducción de mis placeres. Mi furor

tú, destello, sombra, cadencia, orgullo, agonía

sobriedad y embriaguez. Tersa, limpia, mía

tú, que me arrancas el oxígeno con tu voz

que golpeas los segundos en tu honor

tú mi inspiración, mi pasión, mi amor

Gracias

Fué hace 11 años, la distracción manejaba mis ojos que deambulaban en medio de toda aquella gente, mis días parecían llamarse todos igual, mis años no contaban aún con recuerdos elocuentes o emociones tracendentes. Estaba distraído del mundo, estaba en el momento precíso, a la hora indicada. Fué hace 11 años ya.

Su blanca piel se apareció ondulando el corredor, su cabello recogido desnudaba su cuello, su andar se hizo la pasión que le faltaba a mis años, y sus ojos azules eldulzaron el paladar de los días que vendrían, de los años que ahora describo, de mi gran sonrísa, de mi gran amor.

Fué un inicio breve, fué un acuerdo casi inmediato, tuvimos tiempo para salir por primera vez y en esa primera vez amarrarnos en un beso que pactaba un futuro que llegaría muchísimo más lejos de lo que pude haber imaginado.

Así fué pasando el tiempo, mi primer hijo se acercaba y comenzamos esta vida muy temprano, no cabrían tantas palabras en este escrito para describir todas las cosas que tuvimos que hacer, a las que tuvimos que renunciar para poder estar juntos, pero siempre, siempre lo hicimos con una enorme sonrísa.

Debo confesar que la calidez de su piel transtorna mis poros, que la desnudez de su espalda soborna mi tiempo, que sus manos tienen el don de la seducción perfecta, que sus labios me encadenan a seguirles en cada silaba que proclaman.

¿Qué les puedo decir? Silvia, fué, es y será mi gran amor, la mujer que me entregó su complejidad, su plenitud, sus fuerzas, su trabajo, su empeño, su cuerpo y su amor.

La mujer que me ha dado dos hijos maravillosos, la mujer con la que construimos lo que jamás imaginamos.

Hoy solo vengo a gradecer, quiero reconocer la gran mujer que es.

Gracias Silvia.

Paz

Un minuto de paz

que me quepa en las manos

que soborne los llantos

que insinúe una trégua

que suavice las deudas

que amortice la caída

que enmudezca la noticia

Un minuto de paz

que provenga de tu boca

que me de la libertad

que procure claridad

que distraiga mis sentidos

que haga una pausa

en medio de tanto grito

Un minuto de paz

solo dame un minuto de paz

un tributo al pasado

un beneficio al futuro

un regalo al presente

dame un minuto de paz

abre tus oídos

cierra tu boca

pon atención

a lo que hoy te escribo.

de los sueños, pesadillas y otros cuentos

Tomé mis cosas, alcé mi rostro, solté un suspiro y partí.

Mis pasos anunciaban mi andar, la humedad en el aire denotaba la certidumbre sobre lo que venía, mis manos apretaban la cejilla de aquella maleta con la fuerza que merecía su peso. Ahí, el eco era el ambiente, la sombra los colores, el vacío era el olor, la basura era la alfombra, las gotas salpicando desde el techo emulaban el sudor, los cuadros inclinados a 90 grados recordaban el desastre, y mis ropas demacradas retenían aún la tristeza de un ayer podrido.

Era largo y nocivo el pasillo aquel que recorrí sin ninguna prisa, era pesada la carga de las culpas que florecían con espinas en mi caja torácica. Un par de lamentos bastante lúgubres entonaban a la perfección con los sonidos de los vidrios terminándose de quebrar bajo mis zapatos sucios. Me detuve algunos minutos al pié de las escaleras que conducían hacia la planta alta, el pasamanos ya sin el brillo que insinúa su uso regular parecía ser irreverente de cualquier dolor, de cualquier angustia, de cualquier arrepentimiento. Las gradas sonreían a manera de invitación para que les recorriera, las lámparas amarillentas y ya sin bombillo me veían de reojo y se arropaban con aquella pasmada oscuridad.

En la pared encontré colgadas un par de llaves de las que nunca supe si servían o eran solo un descuido del inquilino anterior, a mis pies habían recibos, notas, cartas, avisos, y publicidad sobre comida rápida. Tomé uno al azar y su huella quedó dibujada en la ausencia de polvo que traía incluida sobre sus letras.

Decía lo siguiente: “si lees esto es porque llegué y no estabas disponible, toqué tantas veces la puerta, pero supuse nunca escucharías por el estridente ruido de fiesta que retumbaba desde adentro. Quería sentarme un rato a conversar, pero entiendo estás ocupado. Allá las cosas están iguales, pero sin vos es un poco menos ruidoso, no es una ofensa, tampoco un halago, solo un brote de honestidad. Qué más da, ya no estás, ya no estoy”…

Mi vista cayó al suelo de golpe, mi sien se destempló al mismo tiempo que mi ceño se fruncía. Le di vuelta aquel trozo de papel mal cortado en busca de alguna fecha, una firma, un nombre, algún rasgo característico en la grafía que me diera una idea de dónde provenía, pero no había nada.

Dejé caer la nota sin saber qué hacer o qué pensar, pero algo llevó mi vista de nuevo hacia las escaleras e impulsado por un fuerte escalofrío retrocedí hacía ellas. Bajé mi maleta, tomé el pasamanos, y comencé a ascender.

Aquella madera que una vez fue firme y brillante ahora rechinaba sin precaución ante tanto silencio, el polvo se alojaba en mi mano derecha según avanzaba, mis ojos apuntaban hacia arriba con un leve arqueo de cejas.

Un hedor comenzó a asomarse según terminaba de subir, no sabría –a esas alturas- definir de donde provenía o si era familiar para mí, porque no lo era.

Estaba ya en la segunda planta de aquella casa abandonada, y un escalofrío recorrió mi cuerpo de una manera muy intensa, había sangre en las paredes, habían huellas de zapatos sobre aquella gruesa delgada capa de polvo, había mucho dolor en el ambiente, había muchas preguntas sin responder. En ese momento, retrocedí unos pasos y pensé en bajar. Pero justo en el momento cuando pensé que no tendría valor, seguí avanzando sin pensar en las consecuencias, solo había algo que me invitaba de manera irracional a seguir caminando.

De pronto estaba en aquel lugar que -según yo- conocía muy bien, que muy probablemente había sido mi escondite de años, una especie de guarida. De pronto no conocía nada, de pronto estaba en algún lugar, completamente sin ningún sentido, sin ninguna lógica.

Había un corredor con aproximadamente cinco puertas, tres del lado izquierdo y dos del lado derecho, había un pequeño espacio ocupado por una maseta ya sin flores y llena de telas de araña, del techo colgaba una lámpara que el tiempo quizo arrancar, dejándola con sus cables expuestos, habían dos ventanas sin cortina, pero estaba tan sucias que la luz entraba con cierta dificultad.

Una de las puertas se encontraba entreabierta, su manecilla parecía brillar levemente más que las demás, me acerqué con más curiosidad que miedo, aunque debo confesar que padecí de ambas. Empujé muy despacio la puerta y para mi sorpresa no hizo un solo ruido, aquella habitación era un completo caoz, ahí encontré lo siguiente:

Habían porta retratos en el suelo, había una cuna color rosa, una cama muy pequeña, habían unas cortinas que por alguna razón me fueron familiares, habían restos de velas derretidas sobre una mesa de noche, dos sillas en posición de conversación, una caja con efectos personales que no quise revisar, recortes de periódico sobre fútbol, moda, caricaturas, noticias. Pero lo que más llamó mi atención fue unas sábanas muy blancas perfectamente dobladas dentro de la cuna, parecían muy frescas, parecían muy blancas, muy limpias. Como recién puestas.

El piso era de cerámica gris, las paredes ser erguían desde un zócalo color negro, tumbando toda la habitación de blanco muy viejo hasta llegar al cielo falso muy débil ya por el tiempo y la humedad.

En esa habitación había un closet muy viejo y amplio, sus puertas tenían en su forma las grietas para poder ver desde adentro sin ningún problema, lo que era imposible hacer desde afuera sin abrirlas. Tuve esa sensación de ser observado desde adentro y sin darle más largas al escalofrío puse mi mano en su tirador y abrí.

Mis ojos se abrieron tan grandes como nunca y un golpe en mi corazón casi lo hace colapsar, mis manos inmediatamente taparon mi boca y retrocedí sin darme cuenta unos dos pasos. Adentro había el cuerpo de un hombre colgado de su cuello, estaba descalzo, su color era ya un pálido muy frío, estaba dando la espalda y yo simplemente me sentía de morir.

No podía creer lo que estaba pasando, bajo sus pies había una carta y tres rosas muy frescas. Miré detenidamente el papel y una gota calló desde el cuerpo de aquel hombre sobre la carta, inmediatamente se transparentó el papel justo donde había caído la gota y se lograba ver muy a lo lejos algunas letras.

No sé qué pensé, o porqué lo hice, pero puse mi mano en su brazo, y haciendo una muy leve fuerza traté de darle vuelta para ver su rostro.

Ahora el mundo parecía tragarme, ahora los huesos me estallaban, ahora el aliento se me había perdido completamente.

 

Ese cadáver era yo.

trastorno

y en la sátira de un bullicio se ruboriza la razón

con entretenida gracia trastoca su corazón

va brincando de cuclillas en su honor la distracción

¡no le escuches! gritan todos a unísono de voz

pero no se vive, no se ama, sin tener la vocación

no se espantan los misterios sorpresivos del amor

¿quien se queda con tus frutos? ¿a quien le das tu corazón?

no aceptes las sonrísas sin partos en el alma por favor

si te quedas a la hora de la cena invito yo

pero huye de mis ojos tan atentos al descuido

¡hay mucha gente empujando y haciento tanto ruido!

tantas luces por la calle y en mi casa ni un bombillo

este día es la premonición de un mañana arrepentido

estas letras son las sombras de mis dedos sin sentido

este paso me interrumpe nuevamente el camino

encontré ya mi sendero, encontré ya mi silvido

no se trata de entender la naturaleza de este escrito

sino la locura tan vivaz que me caldea los sentidos

es el iris de mis ojos dilatados en tu nada tan de nadie

son los ecos de unos pasos que se van sin dar detalle

que te espante la elocuencia transtornada de mis versos

o insinúa cualquier gesto simulando entenderlo

que justamente no vengo ni a esto, ni a aquello

solo vomito pensamientos en el medio de mis sesos

delgado sueño

cubrí mi gélida madrugada con el abrigo de tu piel

me perdí dialogando entre besos con tus labios

combatí la oscuridad con la silueta de tu cuerpo

amarré a tus manos el contorno de mi espalda

divertiste las sonrísas que juraban vocación

en medio del silencio que jadeaba en tu voz

advertí de tu pasión en la danza de tus senos

y tu vientre se encogía por sentir aquel sabor

era el sudor separando tu cintura de mis manos

era tu pelo galopando en el sendero de mi pecho

eran tuyas las palabras que morían muy de prisa

era nuestro aquel rocío que mojaba los deseos

y el reloj colgó sus agujas desde el centro

robándonos su canto de tic tac sin compasión

nos amaneció entre sábanas retorcidas

nos despidió la luna y nos bienvino el sol

no tengo nada que no quiera darte

no quiero nada que no puedas dar

solo vivo agarrado de este delgado sueño

que deshojes mis mañanas con tu amar

hoy pretendo

salgo a tu andar, salgo a tu pasos

apago el pasado y procuro olvidar

me amarro al calor de tu abrazo

me entrego a tus ojos, a tu palpitar

te entrego este día todo mi espacio

habita en mis huesos tu olor de mujer

suelta tu cabello del frío recato

amasa en mi pecho tu eterno placer

puedo ser en tus manos el agua de lluvia

quiero alfombrar mi cama con tu desnudez

hacer de mis dedos tus más breves glorias

tan solo permíteme entrar otra vez

a tu puerta entreabierta en la madrugada

a tus días de amor sin ningún padecer

a los años enterrados en tu memoria

cuando alzabamos risas al amanecer

puedo ser de tus piernas las fuerzas

de tus hombros quien quita las cargas

puedo ser de tus dientes lo fresco

que invita a besarte una y otravez

hoy pretendo juntar todos mis papeles

quemar de mis manos lo versos nocivos

dejar de jugarme la vida en carteles

y hablar de mis planes de amor a tu oído

nada nuevo

y fueron extensiones inmensas de paz

praderas interminables de simple belleza

calles y aceras repletas con sabor de amar

cielos razos de calida y profunda entrega

son tantas palabras que armaron su azar

los mil desperdicios de sus convicciones

los bultos de acciones sin terminar

aquellos bocetos llorando a montones

guarda en su memoria la recta final

los tiempos que bailan en su dormitorio

busca en sus sábanas de arena y de sal

los besos que ahogan su fiel repertorio

probó tantas noches andar sin llegar

que clavó sus desganos en sus cicatrices

habló como quien huye del mal

dejando una estela de amor sin raices

no tengo ahora nada por contar

el día está lejos de mi horizonte

me entrego completo a descanzar

del rencor que enciende la luz de mis noches

ayer, hoy y pasado mañana

Quisiera encontrar lo que perdí

aquello que dejé atrás no sé cuando

los días sin fechas, los años sin pasado

andar descalzo como antes lo hacía

quisiera encontrar lo que perdí

lejos de mi camino, lejos de mi raíz

paz en medio de las noches ruidosas,

soledad de pensamientos ajenos

quisiera encontrar lo que dejé

sobre la mesa de algún bar

tras el último sorbo de alguna cerveza

lo que perdí mientras me distraje una vida

lo que junté en amor sin medida

quisiera encontrar lo que perdí

aquella tarde que compré mi boleto

cuando partí de mi casa con miedos

lo que dejé atrás siendo nadie

aquello que brillaba tanto

y ahora tirita ya muriendo sin saberlo

quisiera recuperar la ignorancia

la falta de atrevimiento

…en fín, he dejado tanto atrás

que no sé cómo empezar de nuevo

media luz

Estaba ahí, resplandeciendo en medio del silencio, coloreando lo incierto con su traje blanco y negro. Estaba ahí suspendida en el deseo, en los sueños, en un trágico pasado, sujetando en sus manos unos dolorosos signos de interrogación.

Sus ojos impermeables parecían serenos ante mi perplejidad, su piel se humectaba con la tibieza de la vida que hormigueaba en mis manos, el color de su cabello intacto constrastaba a la perfección con el yin yang de mis pensamientos, de mi oscura historia, de mi triste memoria, de mis terribles pesadillas, de aquellos amores que parieron el dolor de mis penas y ahora me veían con ternura inefable.

Contuve tanto tiempo la respiración que cuando me dispuse a hablar su sonrísa congeló mi lengua y solté todo el aire que había preparado. Gesticuló un no con su cabeza pero la serenidad de su rostro no desaparecía. No supe qué hacer, no supe qué decir.

Sus manos enlazadas entre sí, jugaban con sus dedos de una manera tímida pero intimidante, sus pies descalzos eran el fiel reflejo de la ternura que mis ojos conocieron algún día, su mirada era una lanza imperdonable de amor y un cuestionamiento doloroso que pasmaba mi existencia.

Me acerqué muy despacio, con un temblor que arrodillaba mi alma y desauciaba mi calma, mis piernas parecían entumecerse de angustia al no poder reacciónar con la avidéz que hubiese esperado, mis manos hechas escarcha se impregnaban de temor en cada paso y mi corazón palpitaba cada vez más fuerte y más despacio.

Doblé mi rodilla, extendí mi mano, y cuando tuve su breve humanidad frente a mí, una lágrima desangró su espejismo y desapareció.

Perdón mi amor, perdón.

quédate

¿y si te quedas un minuto?

Te tomaría nuevamente de la mano, te amarraría sin pensarlo a mi abrazo, te rozaría las mejías con mis dedos, te entregaría mi aliento por la muerte de un respiro, besaría tus ojos, me aclaría a tu cintura, congelaría el momento de tenerte una vez más cerca de mí.

¿y si te quedas un día más?

Te llevaría donde el rocío es infinito, a la calidez del mar que viste nuestras manos de humedad, te llevaría a las altas vistas que murmuraban el encanto de los verdes siempre intactos, te llevaría a la música, a la canción. Te llevaría a la noche, a la madrugada. Te invitaría a mis poros, a mis pasos, a mi sueño, a mi velada.

¿y si te quedas una semana?

Nombraría cada día con tus huellas, recorrería el pasto del pasado que nos entregó tanto brillo, caminaria por aquellos recuerdos que nunca plasmamos en la memoria, descansaría contigo, te mostraría mis mejores tonadas, te llevara en algún lienzo mientras posas el golpe de tu pelo sobre tus senos, te diría buenas noches, te entregaría mis miedos.

¿y si te quedas al finalizar el año?

Descubriría los colores de las fechas en tus ojos, adornaría tu sombra de calor, de frío, de lluvia, de viento, de ruido y silecio. Bailaría contigo al son de la alegría, al paso de las sonrísas, al ritmo de nuestras vidas. Me burlaría de tantan ausencia que nos dejó el pasado justo en los momentos que tanto debimos entregarnos. Te agradecería en la copa de media noche, en el abrazo que despide este año tan lleno de lágrimas amargas.

¿y si te quedas una vida?

Dedico la mia a hacerte feliz