sueño en prosa

El cielo ha descendido hasta la copa de los árboles, las nubes se han pintado de gruesas pinceladas, la luz ha sujetado los colores de las flores, la humedad va muriendo cual alma ascendiendo al infinito, las hojas secas circundan los frutos maduros que cayeron, el pasto esponja el camino que adorna sus pasos y su sonrísa ilumina ese día con mayor incandecencia que el sol.

La planta de sus pies degustaba de la tibieza del camino, los vellos de sus brazos se balanceaban contra la brisa, la perfección de sus manos disimulaba su ansiedad, sus ropas estampadas de colores contrastaban a la perfección con la limpieza y el rubor natural de su piel, su cabello suelto gritaba de plenitud al danzar en el aire y sus ojos grandes y anchos sonreían con un brillo especial.

Demoré un parpadeo en darme cuenta que soñaba, todas esas imagenes estaban acompañadas de un halo empañado y a pesar que los colores eran tan vivos no dejaba de percibirse ese tono sepia que caracteriza los sueños.

Abrí inmediatamente los ojos y compredí, por un momento un mínimo puchero asomo por mi boca, pero entendí que era una gran oportunidad para verle, tocarle, abrazarte y amarle como alguna vez soñe -despierto-.

Cerré los ojos de nuevo y sin ningún esfuerzo mi cuerpo volvió a pesar como un muerto, estaba de nuevo ahí, frente a ella, avistando de primera mano su perfección, su dulzura, sus increíble olor a pureza.

Retuve la respiración por un momento y comencé a soltar el aire muy despacio, doblé mis rodillas y postré mi humanidad sobre el pasto, esperé frente a ella con un temor abismal que envenenaba mi sonrísa.

Se acercó cautelosamente, sus pasos tenían un razgo de inexperiencia, sus pómulos, su nariz, su menton, el color tan bello de sus labios confirmaban las líneas que hacía ya un buen tiempo había trazado con mis manos temblorozas, su piel parecía tener una sensación de tibieza implacable, de tranquilidad, su tez era una mezcla de lo mejor que este mundo parió y su diminuta humanidad avanzando hacía mí, simplemente deboró mi pasado.

No dijo nada, no intentó emitir sonido. Pero sonrió con amor indeleble, se colgó de mi cuello con la franqueza que hasta ese momento era desconocida para mí y su pequeño cuerpo era la dicha que necesitaba para completar mi existencia.

Le amé y me amó.

Separó su rostro de mi hombro, me dió un beso en la mejía y comenzó a desvanecerse sin un ápice de tristeza en su rostro. Entendí, era la despedida para mí, era la bienvenida para ella.

Desperté de nuevo y una plenitud insoslayable se instaló en mis huesos.

Desde ese día, no he dejado de sonreír.

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3 comentarios en “sueño en prosa

  1. Sergio, muy bueno tu blog y mejor lo que he leído. Me alegro que hayas elegido mi modesta poesía. Leeré conmas calma. Saludos.

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