cinco a las doce

 

no queda bajo la sábana

entre el humo y mi boca

sobre la mesa de noche

en mis manos resecas

 

no suenan ya las campanas

no canta la noche en mi cama

no gime de amor el ambiente

ya no me rechinan los dientes

 

no vendo más lástima

no compro tristezas

no busco el azar

no encuentro respuestas

 

el tiempo se impregna

de ingenua paciencia

de amores que tienen

humores de guerra

 

allá perdí una estrella

soñando abrigar la silueta

de la mujer que compone

mis llantos sin trégua

 

pero escrito está en piedra

su desdén, su desaire

guarda un ramo de hiedra

para servirlo en la cena

 

no se molesta en aclarar

tampoco lo intenta

solo busca recordar

lo que desangra esta tierra

 

no queda nada por exponer

mis manos se pintan de cayos

no puedo más pretender

que me ame, como hace años

 

sujeta este beso mujer

un beso que sabe a vencido

no afanes empujando mi piel

falta poco, ya busco camino

 

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