Orgullo

Tibio, lento, oscuro, muerto.

 

Hacía un par de siglos

no tenía esta sensación,

hacía ya muchas vidas

no me sentía tan muerto.

Tan delgado, tan seco,

hacía mucho no sentía vacío,

de llanto, de morbo, de vos.

 

Y en esta calle estrecha

susurran las palomas

los pasos de la gente

el ruido del tráfico.

Y susurra tu olvido

que hace tiempo

me dejó su hedor

en los labios y los brazos.

 

Y en este camino

ya no caminan tus pasos,

solo tambalea tu encanto

y anda pernoctando,

el silvido de tu respiración

vagabundo pero inmisericorde

orgulloso de ser de nadie,

y mis ojos amandole tanto.

 

Ahora mi faena se vuelve nada

por los retortijones mentales,

por las preguntas sin respuesta

por querer saber,

qué cama guarda tu sueño

en tan ágil cuerpo

tan de todos, menos tuyo.

 

El mundo saborea con sus ojos

tu escote malintencionado,

tu vestido ceñido, estampado.

Pero no te puedes tener,

dependes de los halagos

del silvido vulgar de la calle

y los intentos por alcanzarte.

 

Pero llegas a tu habitación

y llegas a la conclusión

que sin mí, estás sola

porque amo tu risa y no tus dientes

tu caminar y no tus piernas

tus besos y no tus labios.

 

Ahora buscas las palabras

que antes tenías a cada instante

pero mi voz ahora está lejos

y tus oídos buscan en lugares

donde solo encuentran absurdos,

 

sí, así es el orgullo.

tu orgullo.

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