misma luna

aquellos días se agotaron en su aroma

callaron bajo la luz colada en la lluvia

y los años se inclinaron en la ventana

agitando su nombre al son de la brisa

 

y aquel mar sigue ondeando silencio

retrato indeleble del descalzo andar

sombras que ahora yacen sin dueño

a la orilla de aquel viejo puerto sin sal

 

llantos que humectaron los desiertos

y la estela de sus manos va insinuando

el dolor que plagó su encanto gris

el dulce de sus ojos, lo terco de su voz

 

la luna se envicia y muere de no estar

en medio de aquel momento sublime

goteando brillos en la espalda de aquel

juntando las nubes ligeras del amanecer

 

y el sigilo no es opción en la insensatez

no es trégua de pleno invierno en la piel

ya ni el soborno de lo merecido hace arder

aquellos ojos grandes, aquella voz de miel

 

el día de hoy se llama igual que el día de ayer

y la noche susurra discretos bosquejos de él

y él no habita más que en la nada de sus manos

hablandole al cielo, ahogando su canto

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