post it en la frente

Mujer, desviste tu padecer

Llénate de historias simples

Escucha el viento vespertino

Ánclate en alguna sombra

 

Mujer, camina despacio

Despierta tus colores

Anda descalza por la noche

Y acompáñame a este café

 

Haz que tu luz ahuyente el vacío

Ensancha el aire en cada segundo

Moldea la lluvia sobre tu espalda

Y ciñe mi beso a tu boca escarlata

 

Sacúdete un poco el inútil orgullo

Escoge la paz del amanecer

Detén tu atención en el silencio

Que habita entre tu voz y mi oído

 

Disfruta las noches quietas y oscuras

No apures las horas con tu desinterés

Mejor apoya tu espalda desnuda

Aquí en mi pecho que arde en tu piel

 

Pero sigo barajando los días

Acomodando caricias de rezago

Y tú sigues en tu andar muy privado

Inspirando susurros de mis manos

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desazón

Era el sonido atado en tu voz

Las noticias envolviendo la mañana

Dulces y convalecientes ideas

Que sorteaban un poco más que su muerte

 

No había nada, solo mis manos

Escarbando en lo nocivo del recuerdo

Eran la lluvia incrustándose en mis huesos

Y unos tremendos ojos cansados de mirar

 

Dolía aquel horizonte vacío y polvoriento

Fundido con el cielo y un insípido color

Ardía cualquier viento que agitara mi cabello

Aun no entiendo cómo amar sin tu sudor

 

Y mis años se fraguaron en tu espalda

Adheridos al contorno de tu piel

Cuantos besos me gasté bajo tu falda

Cuantas deudas le heredaste a mi placer

 

Era un solo que partía de mis dedos

Una nota ensañada con mi voz

Eran versos que tosían en silencio

Tratando de llamar un poco tu atención

 

diez segundos

No voy a negar que me sacudiste la sonrisa que recién había ganado bajo aquella blusa, aún con mi cuello sudoroso y ese sol que golpeaba mis pensamientos no había nada mejor que aquel tan perfecto olor que aún colgaba de mi nariz.

Pero te vi, atravesando el umbral del tiempo y el olvido, revoloteando como pavo real todos sus colores y balanceándome en la cara tu típico ademán. No fui yo, estoy seguro que no fui yo el que provocó tal encuentro. También comienzo a sospechar que no fue capricho del destino.

Antes de pronunciar palabra tuve la sensación que aquellos vivos dicen haber pasado cuando regresaron de su muerte. Eso de ver pasar en un segundo toda la vida con sus vastos recuerdos y demás. Sí, siento que lo viví pues cuando te encontré ahí, en aquella desafortunada tarde de abril tuve que dilapidar todo de mí para encontrar el aliento que te saludara.

Recordé aquella luna que fotografié en tu honor y te mostré con regocijo y candor, aquella misma fotografía que encontré el cesto de la basura donde solía encontrar, además, las cartas que te enviaba –sin abrir por cierto-.

No supe cómo disimular la sorpresa de mis pupilas alineándose con tus senos recién adquiridos, me imagino que en alguna oferta de aquel doctor clandestino que siempre husmeabas cuando pensabas que yo veía el camino por donde andábamos.

Torpemente extendí mi mano para saludarte, claro después de haber probado y humedecido tus encantos más ocultos y domesticado además el libido que juntos se nos daba tan bien. No encontré más, que darte un apretón muy de señorita en tu tan recordada mano.

Claro! Casi lo olvidaba, recién vengo de amar a aquella dama que si bien no me ama, por lo menos me soporta, y lo mejor de todo es que me espera al pago de fin de mes.

Por un momento quise recuperar aquella compostura un tanto descompuesta que me hacía caminar erguido por aquella soleada calle, aquel sábado por la tarde que venía de comprar un pedacito de amor servido en la piel de la mejor celestina que encontré.

No sabiendo aún por donde comenzar la casi obligada conversación, asumí que nos limitaríamos a ese encuentro en donde dos desconocidos bailan la danza del “déjeme pasar”. Pero no fue así, te inclinaste sobre mí y me martillaste un beso en mi aún ruborizada mejía.

Sugeriste sentarnos en algún lugar, el cual entre líneas entendí que era aquel mismo lugar. Habría sido perfecto, de hecho a esa hora ya no hace sol por allá, el viento juega con las hojas, la serenidad de lo apartado permite conversar y pues, de ves en cuando es tanta la soledad que queda tiempo y espacio para un poco más.

No supe qué decir, rascaba en mi bolsillo buscando el encendedor para ocupar mis manos en algo menos destructivo como fumar. No me culpes, bien sabes que nunca fui así.

Al final y para resumir, no encontré razón para pausar el paso de la vida sobre nuestras vidas, no supe cómo definir aquel tan esperado momento, porque justo pasó cuando dejé de esperarlo. No hubo notas en el aire, no hubo el ensordecedor silencio que opacaba el ambiente, no hubo distracción ante tan desesperante calor, no hubo amor.

 

-No gracias- dije cual niño tentado con aquel paseo prohibido que tanto le han afamado.

Seguí mi camino sin el más mínimo gesto, no sé si aguardaste algún momento esperando mi vuelta o como siempre, el orgullo te sacó ventaja y desapareciste por arte de magia.

No lo sé, yo tampoco atrasé la mirada.

vaivén

Y siendo de tus manos me advierto

En el revoloteo fugaz de las causas perdidas

En la angustia que gotea en mis huesos

En el olor que sofoca lo adverso

 

Y siendo en tus ojos me pierdo

A lo volátil de mi único verso

A lo intacto del pasado perpetuo

A tu sentencia colgando el deseo

 

Y siendo del mar hoy me pierdo

Hacia el tesoro de nunca y de nadie

Hacia el bosquejo de luna en tu vientre

Hacia la huella que se hunde en mi pecho

 

Y aunque siendo del humo y el polvo

No se enteran mis días de andar si tu tacto

No auguro más nada que todo el silencio

No pierdo la calma, no tengo pretextos

 

Y sos de mi amor un futuro incierto

Y sos de mis besos poción sin misterio

Y sos la mujer que sacude lo eterno

Y vuelves los días segundos de ensueño

 

Y aun siendo en tu cuerpo te pierdo por dentro

Te busco tentando a oscuras tu cuello

Y aún que veo tu espalda en el mismo ricón

Añoro los días que apagabamos el sol

 

tras el silbido

Y aunque no supe cómo ir,

no supe cómo andar,

aunque no supe aún de mí,

aún no me atrevo a recordar.

No me atrevo a burlar el pasado

ni a apañar el futuro.

Esta pizca de presente

muchas veces se me ausenta,

y me envuelve un vacío,

tan leve y tan grande

como la deuda de mis años.

Y aún no sé cómo se canta,

aún no sé como se inventa,

cómo se suma cada sonrísa

y cómo se blanquea el alma.

Aún no entiendo

cómo puedo vivir sin entender,

sin aprender

con el indómito record de la memoria.

Que se enjuaga y retuerce sus paños en mi cara,

sus odios en mis manos,

y besos en mi almohada.
No sé cómo se fuma este cigarrillo,

tampoco sé cómo se apaga.

Me voy de nuevo a lo mío,

sigo escribiendo, sigo escribiendo.

desvarío

calla en cuclillas el oscuro rincón

la esquina que dobló un domingo

con marrones vistazos al aguacero

que aún gotea sobre su bella tristeza

 

anda en las calles dibujando humedad

contrastando la noche en su reflejo

gime en su danza al viento sin saber

que mis ojos se han vertido en su ausencia

 

pero su aliento ya no salpica mi voz

y en lugar de misterios hay simplicidad

en los rayos del sol que ahora queman

en la luz de la luna que no alumbra más

 

pero no estoy más aquí, partí ayer

me resigné a escarbar en los escombros

me instalé bajo la sombra del estigma

me dormí en el miedo, en el dolor

 

y ya no estoy queriendo

no vuelvo a este lugar que martilla mi sien

ya no vivo aquí, juego en el planeta de al lado

no le digan a nadie que me vieron morir

 

solo quiero entregar un grueso secreto

el del desceso de mi amada antes de iluminar

mis ojos con su brillo, mi mundo con su canto

no digan más, no pregunten más

 

allá dobló la esquina para esconderme

para no verle al cerrar los ojos

allá entregué la poca cordura que conservaba

no la quiero más, no la quiero más

 

de aquel sueño y aquella noche llamada “ayer”

y el día se hizo escarcha bajo el velo de sus ojos

trepando entre el olor del desencanto febril

y la noche se hizo espejos de aquel sitio fugaz

hichando la mirada del que se quedo a descansar

 

es poco lo que queda de aurora en esta vida

y es tanto el cúmulo de pendientes que ya no sé

si ando juntando días o desperdiciando amores

ya no sé, si vengo o voy de salida hoy de su piel

 

y aquella nube que asoma siempre a la misma hora

ya no me ofrece sombra, solo de lejos me observa

solo de lejos me invoca al horizonte tibio de sus pies

al ocaso lento de su alma, a la calma, a lo lento de su ser

 

entre el humo de tan barato tabaco hoy me duermo

intoxicando el deseo bajo mis sabanas rotas de placer

argumentando vacíos insuperables en mi vaga cordura

en mis dedos muertos, en mis manos lerdas, en mi haber

 

pero el mes de marzo me viene descalzo

me viene en la quietud de la madrugada

me busca, me arde, me sufre el indomito amor

y me obsequia un trozo de mar a la orilla de su luna

 

y va el aire cargado de su insuperable fragancia

de su abundante calor, de su aliento y su voz

pudo ser gris esta noche, más fué azul en sus ojos

fué tan largo el sueño que al despertar no me creí vivo