una noche impar

Hoy necesito unas letras más ligeras, una noche menos densa. Hoy necesito un sorbo de sonrisa colgando de sus manos, vaciándose en esa caricia pulcra sobre esa noticia que empeña los sucesos y los tiende cóncavos sobre mi espalda, esa caricia que dormita hasta verme dormir.

Hoy quiero un kilo de arena sobre mi brújula, una canción de Sabina sonando de puntitas en el trasluz de esta soledad, en la bruma recién nacida que se cuela sin permiso por mi ventana.

Hoy planteo más respuestas que preguntas, hoy rezago los bostezos descontentos que se juntan de dos en dos ante mi atolondrada algarabía punzando por explotar. Sí, seré nuevamente yo, el tumulto de regocijos incomprensibles y faltos de razón, aquellos que trastocaban las recetas de la cotidianidad y salpicaban de razonables excusas mis ganas de sonreír.

Hoy escribo sin dolo, sin culpa, sin razón evidente o aparente. Hoy escribo porque me da la gana y porque las ganas me acomodan las letras a su antojo, como un manojo de flores sin escoger ni apilar previamente, como el rocío elemental de las mañanas que amanecen sin el sol, como el giro del viento en mi oído, como las hojas danzando hacia el capricho de lo incierto.

Vengo bien y vengo mal. Pero no escribo por eso, solo debo interpretar que amo los sonidos leves, las guitarras afinadas, el humo del cigarro, la espuma de cerveza, los besos después de comer hielo, la ropa tirada en el piso, la luna en cualquiera de sus fases, las piernas rasuradas, las mesas sin mantel, los estereotipos en el cesto de basura, y mis manos ahí, donde se gira mi mundo, donde no hace frio, donde no pido permiso, justo en su cintura.

de aquellos días, de aquellos versos, de aquellas ganas y éste cansancio

Tergiversaste mi enmudecer matinal,
mi tan incansable esbozo de sonrísa.
Trastocaste la letra de nuestra canción,
la volviste algarabía sin aparente razón.
Y sigues, revirando golpes con tu lengua,
disecandome las ganas de tenerte.

Y sí, enloquezco en tu espalda de seda
en tus labios de fuego y entera belleza
sí, padezco del mal que me cura tu hiedra
esa que nace en tus senos sin trégua.
y sí, provocas dolores que tumban mis fuerzas
palabras que cortan de a poco mi poca paciencia.

Sacudes la mística de tu encanto sin esfuerzo
los años parecen trofeos opacos tras las vitrinas
las deudas que dejan tus siestas incrementan
mis tantas praguntas, tus pocas respuestas
no alzo más la mirada hacia el misterio
no me entretengo descifrando tu diario argumento

quédate entonces con tu propia forma de amar
búscate un ciego, un sordo, un lento de andar
juegate la juventud que te resta en tales afanes
gástala en sorbos míseros con gente de aparentar
anda compañera, dame silencio, dame la paz
purgaste del todo mi calma, no tengo más nada que dar

 

 

de un pasado indómito y su herencia febril

esa música que deshidrata mis noches
las vísperas de la nada bordada en silencio
las húmedas mañanas que trepan vacías
delgadas, desabridas, mortales e indiscretas

ese accidentado horizonte que conjuga
la añoranza de tu olor y la brisa perpetua
aquellos lugares tan nuestros, tan de ayer
siguen aquí, acordonando la fecha postrera

y me embarco en la estéril odisea del olvido
en la aungustia de no pronunciar tu nombre
me rehuso entonces a enterarte mi vocación
mis tientas a ciegas buscando el perdón

las deudas del tiempo sonando a lo lejos
las leves noticias que envician mi bien
los sórdidos juegos que envician mis besos
son todos herencia de un terco vaivén

estos días de viajes sin rumbo ni horario
estos bosques de gente de no conocer
estas calles empapadas de nunca seremos
aquellos que fuimos sin ser ni entender

estas letras que no se acomodan
a los tiempos modernos de un nuevo querer
prosigo intentando versar unas notas
que cuenten -mintiendo- de cómo te olvidé

 

 

Impaciente

tus aires de invierno cantando en lo incierto
tus sombras durmiendo al calor de mediodía
tu risa silvestre saltando al compaz de la lluvia
tus juegos de azar rodeando mis cuentos sin fin

ahora tu nombre se me desborda por dentro
y en tu humanidad reverdecen los sueños
combinas el canto con el llanto sin alevosía
y te ciernes como rocío en mi pleno desierto

juntas de a poco las letras que precísa mi oído
las notas pintadas en tu voz dilatan mis sentidos
tus pausas de tiempo carcomen mis huesos
y entonces advierto que en ti me reinvento

dormito en la sobria franqueza que invita
a purgar estos versos que en tus ojos habitan
y te admito, quiza con un leve ardor de ironía
extrañé tu silueta aún cuando no te conocía

y tus días se me van de la mano a raudales
y a cuenta gotas me vierto en este viaje
respiro, transpiro y corro buscando contrastes
una leve osadía que apañe el desaire

a veces resigno a entenderte impaciente
a navegar tu contorno con simple mirada
a veces valiente me icendio la mente
de verte a los ojos y embestir tus coartadas

 

 

 

Desiderata

Lo básico de mi pasado sepia. La angustia inequivoca y elemental de encontrarme de bolsillos rotos a fin de mes, los años del novecientos y los días inexplicablemente sin reloj, los cuadernos baratos con sus páginas indispuestas, la luna más hancha y lenta que endulzaba la suave nocturnidad sin apuros, los besos cortos, la lluvia sin sol, los zapatos rotos y los calcetines nuevos, la ausencia del biorritmo, la escencia de las sonrísas contrastando con los charcos y calles empedradas de mi novata longevidad.

Todas las cartas, los dobleces de catálogo, las plumas de la paloma que voló espantada a mi paso, los adoquines, las dudas sobre lo importante y lo verosimil, las encuestas vacías, los datos fingiendo entender las razones del porqué, el pellejo pegado al hueso, las costillas aquellas fáciles de enumerar, el pelo largo, las uñas sucias, los ojos pardos, la deuda sin honrar.

Los pasos cortos, las estaciones sin horarios ni pretextos, los martes y los jueves de conversación, los pasillos coloridos, los olores pisoteando la nostalgia y la llovizna, la estadía de las mariposas en mi ventana, los bordes de mi cama, mi guitarra de eco sordo y cuerpo muerto, el humo de autobus, las letanías recien bordadas en mi boca, la luz nocturna por los huecos de mis sábanas.

No advertí que había pasado tanto tiempo ya, no termino de juntar los años que volqué mis ojos a lo que no tenía aún, a lo que vivo hoy.

No advertí que gastaba los sueños que se sueñan despierto.