Desiderata

Lo básico de mi pasado sepia. La angustia inequivoca y elemental de encontrarme de bolsillos rotos a fin de mes, los años del novecientos y los días inexplicablemente sin reloj, los cuadernos baratos con sus páginas indispuestas, la luna más hancha y lenta que endulzaba la suave nocturnidad sin apuros, los besos cortos, la lluvia sin sol, los zapatos rotos y los calcetines nuevos, la ausencia del biorritmo, la escencia de las sonrísas contrastando con los charcos y calles empedradas de mi novata longevidad.

Todas las cartas, los dobleces de catálogo, las plumas de la paloma que voló espantada a mi paso, los adoquines, las dudas sobre lo importante y lo verosimil, las encuestas vacías, los datos fingiendo entender las razones del porqué, el pellejo pegado al hueso, las costillas aquellas fáciles de enumerar, el pelo largo, las uñas sucias, los ojos pardos, la deuda sin honrar.

Los pasos cortos, las estaciones sin horarios ni pretextos, los martes y los jueves de conversación, los pasillos coloridos, los olores pisoteando la nostalgia y la llovizna, la estadía de las mariposas en mi ventana, los bordes de mi cama, mi guitarra de eco sordo y cuerpo muerto, el humo de autobus, las letanías recien bordadas en mi boca, la luz nocturna por los huecos de mis sábanas.

No advertí que había pasado tanto tiempo ya, no termino de juntar los años que volqué mis ojos a lo que no tenía aún, a lo que vivo hoy.

No advertí que gastaba los sueños que se sueñan despierto.

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