de un pasado indómito y su herencia febril

esa música que deshidrata mis noches
las vísperas de la nada bordada en silencio
las húmedas mañanas que trepan vacías
delgadas, desabridas, mortales e indiscretas

ese accidentado horizonte que conjuga
la añoranza de tu olor y la brisa perpetua
aquellos lugares tan nuestros, tan de ayer
siguen aquí, acordonando la fecha postrera

y me embarco en la estéril odisea del olvido
en la aungustia de no pronunciar tu nombre
me rehuso entonces a enterarte mi vocación
mis tientas a ciegas buscando el perdón

las deudas del tiempo sonando a lo lejos
las leves noticias que envician mi bien
los sórdidos juegos que envician mis besos
son todos herencia de un terco vaivén

estos días de viajes sin rumbo ni horario
estos bosques de gente de no conocer
estas calles empapadas de nunca seremos
aquellos que fuimos sin ser ni entender

estas letras que no se acomodan
a los tiempos modernos de un nuevo querer
prosigo intentando versar unas notas
que cuenten -mintiendo- de cómo te olvidé

 

 

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