de aquellos días, de aquellos versos, de aquellas ganas y éste cansancio

Tergiversaste mi enmudecer matinal,
mi tan incansable esbozo de sonrísa.
Trastocaste la letra de nuestra canción,
la volviste algarabía sin aparente razón.
Y sigues, revirando golpes con tu lengua,
disecandome las ganas de tenerte.

Y sí, enloquezco en tu espalda de seda
en tus labios de fuego y entera belleza
sí, padezco del mal que me cura tu hiedra
esa que nace en tus senos sin trégua.
y sí, provocas dolores que tumban mis fuerzas
palabras que cortan de a poco mi poca paciencia.

Sacudes la mística de tu encanto sin esfuerzo
los años parecen trofeos opacos tras las vitrinas
las deudas que dejan tus siestas incrementan
mis tantas praguntas, tus pocas respuestas
no alzo más la mirada hacia el misterio
no me entretengo descifrando tu diario argumento

quédate entonces con tu propia forma de amar
búscate un ciego, un sordo, un lento de andar
juegate la juventud que te resta en tales afanes
gástala en sorbos míseros con gente de aparentar
anda compañera, dame silencio, dame la paz
purgaste del todo mi calma, no tengo más nada que dar

 

 

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