Punto de Quiebre

Y llegó la hora, muy despacio se granizan los años seniles que buscan descanso, un lugar de refugio que fermente y resguarde el color de los ecos que seguramente, vibrarán como espasmos incomprendidos al encontrarse al borde del olvido. Prosigo. Mis efectos y desaciertos encabezan mi caravana, los rumores se agazapan y se enfilan para saltar a la palestra y verter a grifo abierto los conjuros y desaires que coronarán mi partida, aquella que fue dolorosamente forzada por el rigor de un amor que se escapaba de mis manos como aire resbaladizo, como el beso aquel último, que nunca pude dar. Desisto. Camino sin arrepentir la mirada, sin embargo cada paso me aleja de mí mismo, me condenso y me evaporo tan volátil entre tanta soledad. Y súbitamente amo, y súbitamente olvido. Y me entrego al soborno del futuro inoportuno, al desasosiego elemental que proveen los burdos placeres sin carne, los placeres sin piel. Y los meses hacen su danza perpetua cotejando con malicia el poco grato devenir, las melodías siembran sus instrumentos y los cuentos que acabaron vuelven a su página inicial, los temores superados recrudecen lentamente su afán de intimidar. Seguramente aquella estrella se encumbra sin saber que los cielos donde habita es un cortejo fúnebre, una fuga de deseo, es un ancla en altamar. Pero encienden ya mis manos, y otras manos que habitaron bajo mi camisa, erizándonos la mirada, condenándonos a invadir la pulcridad con tanta burda ironía. Me quejo. Sí, me quejo de no haber vivido un poco más lejos de sus ojos, ni más cerca de su oído, me culpo de aquel cedro ya hecho madera que se usará para aburrir las miradas de los no-tradicionalistas, de los faltos de arte en los ojos y la respiración. Y me invento, me invento mil excusas etiquetadas de treguas y razones para emprender mi retirada, para perder la vergüenza que nunca tuve, la ideología que defendí con mis dedos intoxicados de tanto dolor. Perdón. Pido perdón.

Anuncios

Inopia

Me dispongo a colgar una vez más mis intentos

a desnudar mi alma en este gélido invierno

Me dispongo nuevamente a apostarle a las causas

Esas que antes de firmar ya parecen perdidas

 

Y no sé si me condeno o acaso resuelvo oportuno

ya no sé si sus mis bordes me tiñen los sueños

Pero muy temprano y muy tarde he retraído la mirada

Ahora que cae la noche y no puedo abordar el regreso

 

¿cómo debo entonces trascender de mí mismo?

Si eludí las leyes más tradicionales y ligeras del ser

¿cómo se alcanza tal estado de inconciencia?

Después de haber tocado el cielo sin pretender

 

Me dispongo entonces a buscar el exorcismo

El tibio abrigo de la soledad acompañada

Me acuso de haber perdido la mayor de mis batallas

Aún cuando tuve la victoria entre mis dedos

 

Doy la media vuelta y recojo mi proceder

Olvido los créditos de la herencia que gané

Rasgo mi voz quebrantada muriendo por perdón

Y me instalo en el exilio que busqué sin convicción

hoy ya es mañana

y seré aquella luna que tirita sin quererlo
la odisea doblegada de un amor envuelto
seré la lluvia que trastoca los lamentos
el cerillo húmedo que trasnocha por calor

serás entonces la silueta difusa del horizonte
el terciopelo que solo se acaricia con la mirada
serás la angustia de doblar mi vista hacia atrás
los desplantes de mi amor buscando claridad

y seremos el agobio simulado de lo incierto
las tendencias de la moda más senil para olvidar
seremos entonces los testigos en silencio
de la muerte de los años que nacieron para amar

y arderemos ciegamente sin quemarnos
compartiendo el desperdicio de los frutos de estación
y hurgaremos en lo ancho del misterio
de no encontrarnos aún teniendo dirección

y esta historia contará de aquellos días
de aquellas noches tan ausentes de dolor
y olvidaremos nuestros nombres sin quererlo
llevándonos tatuados sin remedio en el corazón

desde este frío silencio

Se me desborda la nostalgia, la algarabía amordazada que cuestiona tanto silencio. Se me desbordan aquellos lirios relucientes de juventud y color que viven allá donde los sueños se toman de la mano con la realidad. Allá donde sembré mi sonrísa, mis años de gala, donde dejé la historia que forjó mi espíritu.

Se me incrustan en las pupilas como alfileres oxidados aquellas fotografías mentales, las postales de algún puerto acalorado, los verdes aquellos semi infinitos que hornamentaron la felicidad que la compañía, la buena compañía suele otorgar.

Se me aguan los ojos moderando mi quebrantado tono de voz, al nombrar aquellas fechas que nunca pasan de moda, al simular la paz que ni en mi piel existe, al condenarme casi de manera inconsciente por esta soledad tan inmensa e inequívoca que hoy, me pide estas líneas.

Se me va la vida buscando olores que distraigan este olor que tatué en mi olfato, el de las mañanas de domingo, el de las madrugadas que todo era tan perfectamente normal.

Hoy, desde un lugar lleno de signos de interrogación, recostado en aquel colchón sabor a suelo y tristeza, me resigno a esperar lo que con sudor no logré conseguir, me resigno a renunciar a las fuerzas que aún se quejan y me cuestionan el porqué

no luchar un solo día más.

Ahora entiendo, esta es mi nueva lucha.