Musa fugaz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Andar, cometer locuras que valen la pena

buscar aquello que no se debe encontrar

¿querías ser musa? ¿conoces el precio?

Entonces ven, acercate a mis ojos y sonríe.

 

Los días han pasado y no han sido en vano, los murmullos hacen eco en aquella soledad, aquella que acompañamos entre risas, sudor y un alguna que otra conversación accidentada.

Las noches fugitivas se escaparon como el tiempo que nos contuvo, las noticias siguen hablando de lo mismo, y yo sigo obviandolas tanto como tu nombre. Aquel que adornó mi boca agitada, y se meció una leve eternidad en las noches, los días, las horas en las que suspendimos la razón justo donde no debimos. Tu piel se me hizo escarcha, lejos del bullicio donde brindabamos por nada y reíamos de todo, se me hizo recuerdo el horizonte que nos regaló alguna brisa cierta tarde de silencio, algún día en que insistimos que no pasaba nada. Tu cabello y sus despojos en mi almohada insisten en traerte cada noche, y sí, doy la espalda a la pared en un intendo por sentir tu aliento sobre mi hombro, tus piernas desnudas aprentando mi humanidad y los vellos de tus brazos erizándome las ideas.

A veces, la madrugada me obliga a tocar mi guitarra, ya no importa si está desafinada. Mis oídos no reniegan por lo que mi alma quiere escuchar, algún par de melodías que se escaparon entre tus labios mientras me observabas de manera despreocupada. Mis manos conversaban en acordes con tu sonrísa, con tu incredulidad, con aquella sensación de simplemente no pensar.

Y sigo en el mismo lugar, aunque a veces dejo de ser aquel. Es cuando escribo cosas como estas, a gente como vos.

 

“Ahora solo me queda buscarme de amante la respiración,

no mirar a los mapas, seguír en mí mismo

no andar ciertas calles, olvidar que fué mio una vez cierto libro”

|De la ausencia y de ti. Velía – Silvio Rodríguez|

Visita

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuí ahí, a tu trinchera fecunda y sonriente
a tus esquinas y pliegues de privacidad
a enredarme en tu pétrea sonrísa sempiterna
fuí ahí, buscandole problemas a mi serenidad
a colgarme de un pasado demasiado lejano
a colarme como agua sobre tu espacio.

Y te encontré, cómodamente felíz
retreaída del mal que te causaron mis besos
te vi enseñoreandote de la vida
disfrutando cada letra de tu nombre
acomodando los antojos sin reparo
derrochando las bonazas de tu corazón

vengo de vos, de hurgar tus días de acuarela
de nadar en el pacto que sellaste en luna llena
vengo de envidiar la paz que te contempla
de anidar en el calor aquel que te baña
vengo de ser la irrelevante mirada distraída
y de arder por dentro aún bajo la lluvia

Bien! querida, suerte y buenaventura
dicha en tus días de plenitud merecida
ojalá el canto de la noche arrulle tu luz
que la sombra de tal árbol proteja tu mirada
Yo aquí, seguiré con este oficio de poeta
tergiversando oraciones, redactando encrucijadas.

Intermitencias

 

 

 

 

 

 

…. y el aire circunda mis ansias
salpica de dudas mi razón
los árboles sacuden mi equilibrio
el tiempo me agota la risa
y una luz asoma con mirada tímida
tras el eco de lo incierto
con ojos tibios y calidos de paz
inocente desciende a mi balcón
a este oscuro inverno
busca un leve toque de calor
una mano que acune su voz
un destello de amor en el caoz
una excusa para brotar sin culpas
una estrella que le conduzca

…y la noche me sigue tartamudeando
bajo la sombra de la indiferencia
sobre mis principios y verdades
entre mi quiero y mi puedo,
y otras manos, y otra mirada
guardan la distancia sugerida
recatan con ironía el pasado
dejándo atrás lo que nunca fué
aquel sordo misterio que grita
envenenado de injusticia

…y las notas se me acaban
torpes secuencias entrecortadas
siguen ahí, desesperando
ahondando el vacío indeleble
anestesiando la realidad.

del amor y otras muertes

Yo solo quería hablarte de amor y otras muertes, quería hacer una historia tan eterna que se me escapó de las manos. Quise llover sobre tu cabeza, espantarte las excusas, los miedos, las realidades.

Y me perdí, en medio de todo este humo, entre tanta soledad. Me perdí buscando el camino de regreso y de pronto me vi con gente extraña, con lugares de colores desagradables, con sillas incómodas, con noches largas y frias. De pronto entendí que no estabas más, que no esperabas más. Y entonces comprendí que solo quería hablarte de amor y otras muertes, del pasado tan perfecto que brilló justo cuando dejó de ser, entendí que cuando uno juega a que lo extrañen se arriesga a que lo olviden.

Y volví, pero el camino se adornaba con flores que nunca sembré, y el lugar aquel que construí parecía diferente, se teñía de luz en la ausencia de la sombra del árbol aquel que vimos crecer, las ventanas abiertas se contoneaban con las cortinas que saludaban junto con la brisa. Parecía tan limpia, tan iluminada que simplemente tuve miedo de entrar.

Y entendí, que solo quería hablarte de amor y otras muertes. Pero caminé tanto tiempo buscando la prosa que me trajera de vuelta que demoré lo que se necesita para olvidar, descubrí que tus ojos habían dejado de esperar. Tu silueta ya no se marcaba en los balcones y en mi contestador ya no se conjugaba tu voz.

Yo solo quería hablarte de este amor, quería buscar en lo incierto de tu ausencia las amapolas que marchitamos de afán, de incomprensión, de agonía.

Pero en tus ojos el horizonte se escondía más temprano, en tus manos el amor era frágil y tu tiempo corría mientras el mío descansaba impaciente en el calendario donde apunté algunas fechas, en el que decoré con tus iniciales para tener presente que el los días serían contados. Porque según yo, hasta hoy, necesitabamos tiempo para extrañarnos y entonces volver mejor.

Yo solo quería que me amaras con locura, que decidieras entre el orgullo y el amor. Yo quise juntarte tantas razones para reir, para emprender, para arder de amor y pasión.

Mi amor, solo quise poblar la casa de paciencia de entendimiento. Solo quería contarte lo triste que se vive sin vos, lo jodido que resultan las mañanas sin tu pelo alborotándome las manos. Solo quería que volvieras a amar mi piel, mi olor, mis torpes manías que de vez en cuando te divertían. Solo quería hablarte del amor y otras muertes.

Pero en algún momento de este proceso, te perdí.

Agosto y sus consecuencias

la melancolía circunda cual neblina decembrina,

el sollozo palpita sordo bajo mi distraída camisa

las gotas hunden un barquito de papel con poesía

y mi cabeza va hinchando pensamientos de no dormir

 

nunca supe desprenderme de las promesas añejas

de los aires dominicales que acariciaban mi sonrisa

nunca entendí lo inevitable, los inicios, los finales

todo aquello que perdía importancia en su compañía

 

los cuentos cortos ocuparon la historia completa

gastaron las horas que conservé para descansar

los días se filtraron como brisa sobre mi cabeza

como besos adolescentes tras cerrar la puerta

 

ahora resuelvo, concluyo que el tiempo terminó

que las deudas de lo bello apagaron hoy el cielo

ahora comprendo, desisto y entrego el infortunio

la felicidad tan corta que terminó antes de empezar

 

aunque si tuviera uno solo de aquellos días

andaría muy despacio por el borde de su risa

y si tuviera uno solo de los besos de su boca

buscaría en la locura, la razón para volver

 

más ahora me pierdo, tal vez por un momento

o por una vida que se adhiere a esta llovizna

doy un paso atrás con desesperada desidia,

solo un poco de cordura en tanta incomprensión

Contrariedad

un fuego arde dentro de mi pecho
un silencio tan vasto como el azul de sus ojos
como el claro de su piel y el castaño de su pelo
el silencio domina aquel beso que implosiona en mi boca

queda tanto por andar en el horizonte de sus senos
en la dicha que brota de su encanto
en los cuentos que nacían en lo largo de su cuello
queda tanta agonía en el elixir de su aliento

más mis ojos se cierran esclavos de mi razón
se juntan mis manos evitando coincidir,
doy la espalda, pero llevo a rastras mi corazón
y mis pies lamentan que les obligue a proseguir

hay un frio cauterizándo la nueva madrugada
se agita desnudo el recuerdo de un marzo febril
de una gota de bien sobre la resequedad de mi cabeza
el agua también duele, y el sol, y el canto de los pájaros

el antifaz de la tranquilidad está humedo ya
las dudas me despeinan la incipiente ideología
creo que nunca fué divertido el trabajo de olvidar
creo que nunca debí abandonar aquel lugar

hay un silencio que emana de mi pecho
un susurro en cuclillas que tirita por volver
hay razones que no siempre uno puede exponer
una luz que se acomoda en las dudas de mi ser

y ya no tengo más clamores de buscar una ocación
ya no pido, ya no lloro, mas me sobra vocación
hoy me inclino levemento sobre el borde de su nombre
y sonrío inconforme, pues la deuda de este amor no se pagó