de aquellos días como hoy

Hoy las ganas me revientan los labios. Y se me esconden los gestos de bondad en los acordes del silbido de un viento que redacta la ansiedad de mi diciembre. No será nada raro, no lo es, puesto que las dudas ya no son parte del repertorio de mis caprichos, tampoco lo son las esperanzas de una tarde amarillenta sobre la línea perfecta del mar, o de algún bar acomodándome los miedos en las vísperas de un miércoles insufrible.

Hoy los ojos me arden de ausencia. Y se duplica la senilidad de malhumorado no sé qué, aquel que se me rueda por el pecho aunque el amor ya no le lubrique las ideas. Y no es nada extraño, no lo será tampoco el encontrarme nuevamente cuando los doce meses que me proceden salten apuñados todos sobre mi humanidad, cual juego de niños inquietos, e insolentemente me desviva yo por disfrutarles casi de un solo tajo.

Hoy las deudas me arrancan la brisa. De golpe se enumeran en una fila a mis espaldas, las miles de cosas que entre ceja y ceja murieron sin efectuarse, quedando en el diván donde me fumaba las incomprensiones que quedaban después de las discusiones que hasta hoy, nunca me enteré cómo comenzaban.

Hoy la música me punza los oídos y me lleva lejos de aquí. Y me revuelca en la nariz algún vestigio de la fragancia que te compré y sin saberlo o pretenderlo, se izaría en mi habitación en las noches que el calendario se vistiera de recuerdos y las lunas se agazaparían tras el cristal de mi ventana, la misma que no te ha visto no sé cuánto tiempo ya.

Hoy las letras me vienen empujando. Y me piden que te diga que te extraño, que los años se volcaron sin precaución sobre mis ojos, sobre mi pelo, sobre mis manos. Que hoy, la lluvia solo moja, y nunca más trajo consigo aquellos sueños tercos que por alguna razón que todavía no comprendo, no te atreviste a buscar.

Hoy tu ausencia me duele un poco más que ayer.

Besos Bisiestos

 

 

 

 

 

 

 

 

Repartí en tu tiempo mis cenizas
y emulé tus trastornos voluntarios
esos que te traían a mi encuentro
aún cuando mis besos eran amargos
y se endulzaban poco a poco de pecados.

Divertí tus senos invadiendo tu escote,
torturando levemente tu mirar
erizando tu mirada sin reproches
que colgaba del techo sin parpadear,
matizando los bordes de tu espalda
purgando con mis manos tu temblar.

Pero se cortaba tu respiración
cuando tu conciencia despertaba
y entre tus manos tenías mi piel
imaginando que tu nombre se perdía
en lo ancho que ese día faltaba recorrer.

Entonces tu rostro acalorado
trataba de escaparse del placer
argumentando no es correcto
que te viertas en mis brazos
por razones de moral y proceder.

Pero la culpa es tan corta
como nuestra propia historia
y te meces sin complejos sobre mí
y ahora tomas tú la iniciativa
de arrancarnos la ropa y olvidar
esas caricias desteñidas
que usamos algunos años atras.

Es el tiempo requerido por mis ansias
es el tuyo que sazona tu esperar,
es un hueco en la parodia de la vida
que nos deja seducirnos y encontrar
ese sudor que lubrica las ideas
y se burla del pretexto ya sin sal.

Son los días que recuerdo de tu cuerpo
son los besos que sin darme me los das
porque solo vienen cada mucho tiempo,
en espacios cortos y lugares sin claridad.

Pero aguardo en silencio por lo incierto
porque el secreto de lo perfecto
es que llega cuanto tiene que llegar.