Vintage

Me pierdo entre las hojas, entre la neblina que matiza los destellos de un sol pálido de ganas. Me pierdo entre la brisa vestida de rocío, entre la nada y el todo incomprensivo, me pierdo en los recuerdos insolentes siempre inoportunos, entre las melodías que danzan y se revuelcan en mis oídos y me llevan a la parte blanco y negro de mi vida.

Y las gotas salpican y proclaman un canto ensordecedor, una lluvia de indiscreciones que solamente pueden callarse, me vierto  en la angustia de no padecer los males que normalmente vienen después de los besos, la ansiedad de respirar nombres y lugares que justo acaban de tatuarse en las pupilas, que fungen como el mapa inequívoco de las utopías sonriendo desde el otro lado.

Ya solo queda la silueta de su estructura ósea, la comisura de sus labios, la sobra de un excesivo delineador que se marchita y se pierde felizmente, que se aleja de mi sensibilidad. Solo queda un rojo torpe, alguna vez carmesí. Unas letras sin voz, unos paisajes intactos de olvido que siguen siendo magníficos, intensos, hermosos, tremendamente extrañados.

Son tan ligeros los días, tan efímeros y descartables que la vida misma parece el resumen de un pasado que nunca se vivió. Es tan eterno este cielo que a veces pesa, sobre todo por las noches. Sobre todo por la nada, por el silencio y letras como estas que no dejan de soñar.

Me pierdo y luego envejezco, y miro mis manos seniles cicatrices y sin anillos Mi pelo alborotado e indispuesto, mis piernas haraganas y flacas, mi alma húmeda y desvencijada, mi corazón atragantado de nostalgia y en el calendario meses enteros de lunas vacías.

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Enero bisiesto

El tiempo se me incrusta en los párpados, la pesadez de un enero incomprensivo me revolotea en las mañanas, la brisa con sabor a vacío argumenta los toques de ansiedad que emanan de mi café ya frio por el asomo de los recuerdos. Es así, enero es el gran lunes que siempre me cuesta digerir, es el inicio de lo mismo de siempre con toque de añoranzas por lo que en su momento pareció simple y hoy resulta un tanto extrañable. Los momentos que acaban de suceder se pintan ya desenfocados y en tonos desabridos, pero sus olores se vierten casi intactos y es entonces cuando esa sensación de algidez retuerce mi insatisfacción.

Y la gente se va quedando atrás, los árboles se secan y reverdecen, las paredes se pintan de pasado y un retoque insinúa que no ha pasado nada. Los perros se pierden o mueren, los niños crecen y aquella inocencia deja de ser característica de su mirada. Las calles cambian de sentido, todo se hace cada vez más pequeño, respirar se vuelve cada vez más difícil y las noches no son tan cálidas como antes, el bullicio ahora apaga el canto de los grillos y el cigarro dejó de ser atractivo porque ahora sí es un vicio.

Pero ya no sé qué extrañar, hace no sé cuánto dejé de contar el tiempo, dejé de mirar al cielo. Ya no sé si la sensación de soledad es bosquejo de serenidad, tampoco sé si interpretar el silencio como madurez, o la distracción como el principio de la concentración. Lo cierto es que la suma de lo incierto me adeuda ya un par de explicaciones, preguntas que nunca pude hacer y otras que no quise responder. La lluvia de letanías que antes diagnosticaban mis esporádicos razonamientos ahora se pierden y me observan en vilo de algunas letras que hagan izar una vez más aquellas intrépidas aseveraciones de lo que según yo me acontecía.

De repente, tropiezo con nombres, con lugares que justo a punto de olvidar vuelvo a ver y me entero de lo que sucedió, y me observo cual alma paseando fuera de su cuerpo, construyendo historias que volcarían el mundo que me contenía, improvisando refranes, adulterando verdades, pregonando la seguridad que nunca tuve y hoy necesito. Me veo caminando en direcciones que ahora evito, haciendo amistades que ya ni recuerdo, viviendo una vida que nunca me perteneció.

Ahora suena la música de siempre, y el deseo de entender el porqué de tantas causas perdidas me retrae. Y viajo, y llego a las lunas aquellas que morían por bañarse de miel, y en lo alto de una crisis diviso el horizonte que dejé atrás, aquel que muy a pesar de todo nunca fue tan malo como siempre dije que era.

El futuro no pinta tan mal, pero el presente sigue siendo solamente un puñado de letras.

Asomo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo me fumo tus huesos, la esencia de lo que te guardas

Esas manías tan tuyas de no ceder ante el misterio de un beso

Las agonías que se pierden desvanecidas en mis intentos

Los soles nublados que calientan menos que tus manos

 

Y te entrego las cuentas de lo que nunca aceptas

Las sumas de lo incierto en un molde de cartón

Alegando cuanta sonrisa tu desgano me permita

Contemplando tus ojos sin apuro por divisarme

 

Pero este cuento es el mismo que nunca entiendo

Es la lluvia que degrada poco a poco aquel color

Ya las líneas del discurso se revientan entre sí

Lo trillado de su antojo las convierte en frustración

 

E invierto un par de años en papeles principales

Audiciones que de tanto, de memoria me las sé

Más no encuentro aquel camino que conduce hasta tu risa

Ni las lunas que me den alguna gota de su miel

 

Corazones que se inventan cada uno su estrategia

Divisiones invisibles que decoran nuestro andén

Creo que es hora de ir pagando las apuestas

Tu pasión no pesa tanto como el ocio de tu ser.