Me pasas

Ayer me pasó.

Encendí una fogata dentro de mi silencio. Amé el ruido la leña desquebrajándose bajo las llamas, las chispas brincando como fuegos artificiales monocromáticos y un silbido, como de ausencia, como acontecimientos que rompen las ganas, como una sordera, como un ruido. Como de dolor.

Te digo, no soy fácil en los artes de la compresión. Por lo tanto, me hundo despacio en la levedad de la ignorancia selectiva, entro a casa hasta cuando la tormenta escampa, sonrío a media luna, hago la cama, levanto la mesa, corro sin gestos, ahuyento certezas, bautizo carretas y me ciego por dentro y por fuera.

Por suerte mis brazos son largos y aprietan decente, por suerte las noches son cortas y los días sin temple. No miento, conjuro ganas sin dientes y perros que ladren cuando conviene. Y entonces me pasas, el ruido disipa tu olor y tus ojos me espantan los sueños.

Y vuelo, lejos de tus manos que no son tuyas sino cómplices de tu piel, lejos de la simpleza del azúcar o la sal, de las rígidas combinaciones de colores, del cuero, del llanto espeso de rímel, del testimonio sonriente de tu cabello, de las dudas, de la miseria de sentir para dentro.

Ayer me pasó.

Volví a la estocada, apagué las llamas, encendí un cigarro y caminé sonriendo. Hay muchas cosas que aún no entiendo, porque me pasas, porque no quiero.

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