No me hables de tristeza.

Image

No me hables de tristeza como adornando tus tiempos, lejos del frío del exilio y del mar nublado. No me hables despacio, como esculpiendo oportunidades condicionadas, entre aires reciclados de amores modernos. No me hables con tus ecos de silencio, como estrenando la tibieza de tu voz. Más bien tiñe tus manos de primavera, arráncale flores al camino y suelta tu melena triste, gástame la vista con el perfil de tu rostro cálido y fugaz. Pero no me hables como tarareando canciones sin alma, como si anidara en tu boca una queja disfrazada de deseo. Más bien desciende de tu nubecilla plata, del florido valle esponjado de favores a tu nombre, más bien detén la marcha en la calle vestida de adoquín, la misma donde deambulabas en blanco y negro. Pero por favor no me hables de tristeza, no redactes mi nombre al inicio y con sangría, no vacíes la mirada sobre mí, no interrumpas tu coartada, no me juntes más inviernos de los que puedo digerir. Vuelve a casa, lejos del bullicio del pasado, vuelve al destello incandescente de la felicidad algodonada, a los augurios periódicos de bienaventuranzas merecidas. Pero no me hables de tristeza como si fuera la prosa de tu vida.

Anuncios