Postal

Postal

 

Quise encender los brillos parpadeantes de algunos recuerdos, andar los senderos polvorientos sin contagiarme de ellos, quise aplaudir en silencio, merodear los deseos y contemplar los años acumulados con sus irremediables lecciones al borde de cada conmemoración. Pero no contaba con la incandescencia que desbordaba los rincones, los clavos mutándose con la pared sugerían haber colgado historias que ahora se esconden en la humedad de un nunca más. Observé desde afuera, como quien aguarda en la puerta de la que fue su casa ahora vestida con muebles y cortinas desconocidas. Hay poco qué hacer frente a la tormenta que te abre los brazos antes de estallar, en medio de la nada y con el último cigarro recién encendido. Solo aletargar el paso. Volví al galope, al lento y delicado avance hacia el equilibrio dominical, al trabajo de tramoyista ocasional, volví a la delicadeza del amor a mansalva y sus privilegios civilizados; el amor es perfecto, la correspondencia solo una casualidad. Pero fui dichoso, de poder ir y más de querer volver, del vuelo sobre acantilados bastos y sublimes que acordonan el cadáver de los días que pintaban a mi voz de otro color. Quise evocar nostalgia y me contagie de sonrisas, la serenidad de guardar las palabras que seguramente insultarían el hallazgo de esa forma de ser feliz. Ahora las conversaciones se construyen sin afán, los compromisos solo exigen libertad, las noticias están demás. Solo algunos aires que alborotan el silencio, solo una sonrisa con la sola vocación de cantar y cantar.