Statu quo

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Sucede que me desarmas, de manera constante e inequívoca; con la audacia de quién tropieza con la porcelana de la abuela, me desarmas con la turbulencia de tu paso que gira siempre en la dirección contraria. Sucede que me pasas en las noches negras de tinta indeleble, en los inviernos que se improvisan bajo la sábana, en los feriados sin prisas, en las canciones que nunca te dediqué. Y emprendes el vuelo y maniobras en mi horizonte de cielo raso, y te marchas humeando una estela parecida al desamor, y salgo, me cuelgo de tu ventana para ver si ya estás triste de tanto no volver. Pero tus ojos parcos no necesitan humedecerse, erigen imperios que forjan fronteras y te desdoblas para merodearme con tu danza del pecado, sorteando estocadas con tus caderas incandescentes. Y amanezco con el peso del sol en el rostro, y estás ahí, tras el limbo de tu ausencia, atropellada por la fatiga que causa romper promesas, instalada de nuevo en los claros de la certidumbre de lo que se ve, de lo que se palpa, aunque a veces sea más incierto que lo etéreo. Ya mi sombra no se asombra de tu paradero, ni mis muertes agonizan en tus huecos, tú y yo somos cómplices en los artes de envejecernos los intentos, en la construcción de lluvias, en nuestro show privado de marionetas derruidas. Me sucedes mucho más de lo que existes, y al mismo tiempo me sirves el café con tanta pericia y desenredo que podrías disiparme los miedos, o tal vez inspirarme un par de sonetos o alguna línea que profese lealtad en horas no hábiles, o alguna canción malograda conducida por tuertos estribillos. Pero me desarmas, con la franqueza los bolsillos que se saben rotos, con la frialdad de un pasamanos, con la elocuencia de un poeta triste, con el agravio de no haber aprendido a remediar. Estamos ya muy lejos del principio, y las naves que nunca se quemaron tampoco volvieron,  los perros nos observan con infortunio y las paredes guardan silencio, el hábitat de nuestros roces de piel condensa la inoportuna necesidad y de nuevo estamos ahí, parados frente al otro, haciendo preguntas sin signos de interrogación.

“¿Qué hago ahora contigo?
Ahora que eres la luna, los perros,
las noches, todos los amigos.” -Silvio

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2 comentarios en “Statu quo

  1. “Me sucedes mucho más de lo que existes” Interesante advertencia. Padezco de esa extraña enfermedad por igual. Gusto de leerlo muy de vez en cuando, pero en fin, desde siempre.

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